Los mitos de Orión

Dibujo de la constelación de Orión obtenido de esta página web.

Al igual que con los cuentos y leyendas, los mitos no se cuentan siempre igual. El caso del mito de Orión, el cazador, es un ejemplo de ello. Hay al menos tres formas de contar el mito, que implican situaciones, personajes y desenlaces diferentes.

A continuación os lo presento tal y como lo cuenta Robert Graves.

Orión de Beocia, el hombre más apuesto y el más listo de todos los cazadores de aquellos tiempos, se enamoró de Mérope, hija de Enorpión, rey de Quíos. Pues cásate con Mérope – dijo Enorpión -, si prometes matar a todos los animales salvajes de mi isla.
Así lo hizo Orión, y cada día, al anochecer, llevaba al palacio las pieles de los osos, de los leones, de los lobos, de los gatos monteses y de los zorros muertos, y se las entregaba a Mérope. Cuando hubo dejado la isla libre de todo animal salvaje más grande que un ratón o que una comadreja, llamó a la puerta de Enorpión y le dijo:

Ahora deja que me case con tu hija.

No, señor – contestó Enorpión -. Esta mañana al amanecer he oído como aullaban unos lobos, cómo rugían unos osos y leones, cómo ladraban zorros y maullaban gatos monteses. Te falta todavía mucho para acabar tu tarea.
Orión se marchó y se emborrachó . Aquella noche irrumpió en la alcoba de Mérope.

¡Ven al templo de Afrotida y cásate conmigo – gritó.
Mérope chilló pidiendo auxilio, y Enorpión, por miedo a que le hiciera daño si se entrometía, envió apresuradamente a un grupo de sátiros para que le dieran a a Orión todavía más vino.

Que sea un matrimonio feliz! – exclamaron los sátiros.

Orión les dio las gracias, bebió mucho y cayó al suelo sin sentido. Entones Enorpión se acercó sigilosamente y le sacó los ojos. Pero Orión, aunque estaba ciego, oyó a un cíclope que daba golpes con un martillo en la lejanía, y siguió el sonido hasta llegar a una fragua. Allí pidió prestado al aprendiz del cíclope, para que le sirviera de guía y le acompañara al punto más lejano de Oriente, donde el Sol guardaba sus caballerizas en una cuadra junto al Océano para hacer su viaje diario por los cielos.

El Sol se apiadó de Orión y le devolvió la vista. Orión regresó a Quíos, para vengarse. Enorpión, que había sido advertido de su llegada, se escondió en una tumba y mandó decir a sus sirvientes que se había marchado al extranjero. Así pues, Orión fue a buscarlo a la isla de Creta, donde se encontró con Artemisa, diosa de la caza:
– ¿Por qué no vamos juntos de caza – le propuso – y vemos quién es capaz de matar más cabras salvajes?

Yo no puedo compararme a una diosa como tú – respondió Orión cortésmente – pero me encantaría observar cómo disparas.

El dios Apolo, hermano de Artemisa, se enteró de esta cita y murmuró:

– Me temo que se ha enamorado de este mortal. Tengo que impedirlo.

Por ello, avisó a Gea, la Tierra, de que Orión pretendía seguir matando a una multitud de animales, y ella envió un escorpión gigante, más grande que un elefante, para que atacase a Orión. Orión tiró contra el escorpión, llenándolo de flechas, y luego utilizó la espada, pero, al no poder matar al monstruo, se lanzó de cabeza al mar y se alejó nadando. Viendo a Artemisa, que acababa de llegar con su arco y sus flechas, Apolo le dijo:

-¿Ves aquella cosa negra que sube y baja en el agua, lejos de la costa?

-Sí, la veo – respondió Artemisa.

– Pues es la cabeza de un canalla llamado Candaonte – dijo Apolo -. Ha insultado a una de tus sacerdotisas. ¡Mátalo!-

Artemisa creyó a Apolo, apuntó con cuidado, y disparó. Al descubrir que había matado a Orión, triste y apenada, pidió a Zeus que lo convirtiera en constelación.

Así lo hizo, y desde entonces brilla en el cielo, acompañado de sus dos perros de presa (canis minor y canis mayor), de distintos animales y, siempre, escapando de un gran escorpión.

Adaptado de “Dioses y héroes de la antigua Grecia” de Robert Graves.


En la página web de la que he cogido la fotografía superior podéis encontrar una gran cantidad de información sobre la constelación de Orión: